Pesadillas sin sentido


6 de Febrero de 2012

Era un tranquilo día de verano, el sol bañaba mis mejillas mientras me acercaba por aquel camino nevado de hojarasca. La mochila pesaba en mi espalda, pero se hacía cada vez más ligera al vislumbrar mi destino. Al final del camino, se alzaba majestuosa como si de un castillo de la edad media se tratara. La casa, con la entrada a su izquierda ‘escondida’ a la vista, era blanca deslumbrante, de unos tres pisos, calculé a ojo, y con una especie de torre campanario a su derecha.

Entré sin anunciar que había llegado, pues no esperaba recibimiento. La casa estaba totalmente a oscuras, como si el espléndido día de afuera no tuviera permiso para entrar por ninguna parte. Llegué a una especie de cocina, donde dejé mi mochila y directamente fuí a donde escuché ruido. Era un salón, donde una mujer, a la que no pongo cara pero que reconocía familiar, veía algo en una pantalla plana bien grande. Saludé, me di la vuelta y subí las escaleras, para llegar, en unos instantes, a lo que parecía una terraza desde donde el campanario, que antes se alzaba majestuoso, ahora tan sólo lo hacía unos metros más… En la terraza, había un hombre, al que tampoco le pongo cara pero que también reconocía familiar, en bañador tomando el sol.

Escuché “¿Lo hacemos?”, “Sí, venga.” y desperté en mi habitación de mi verdadera casa. Salí de la cama y justo cuando pasaba el umbral de la puerta, estaba de nuevo en la casa del campanario subiendo las escaleras hacia la terraza, con el hombre siguiéndome y al llegar nos poníamos a tomar el sol. Acto seguido, obviado el periodo de toma solar, nos veo bajando las escaleras y dirigiéndonos al salón donde estaba la mujer. Al llegar, me doy cuenta de que está sentada a la izquierda en el sofá mirando la pantalla plana, vacía, con cara extraña, y le pregunto: “¿Que pasa?” y ella dijo: “Estos ositos que ya están tocando los cojones… Escuchad.”. Y justo en ese momento se oía algo así como crepitar o crujir de madera… Me dirigí a las ventanas del salón, al fondo, y por un pequeño resquicio, miré hacia fuera…

Para mi sorpresa, lo que había allí eran troncos de árboles cortados, con pequeñas ramitas a modo de patas, levantándose de lo que era el tumulto de la leña, dando tres o cuatro pasos para salir disparados contra la casa… Un tronco bien largo caía casi sobre donde yo estaba, destrozando parte de la fachada…

Desperté sobresaltado justo cuando terminé de decir:

“¿¿¡¡Pero que hacéis gilipollas!!?? ¡¡A que os quemamos!!”

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s